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AÑO III.. Nº 4. LENGUA-JES
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sOnRiSa MoLeCuLaR


flickr morflu

Un servidor había pensado hablar un poco sobre la escala y el diseño modular de los virus, que ya se sabe están muy de moda. Al final he decidido escribir sobre mi linda esposa, que igual vende menos, pero a mí me parece infinitamente más interesante.

Ahora mismo ella está sentada a mi lado. Se ríe mientras exhala levemente cuando le cuento el último chiste malo. Y esa sonrisa encierra un mundo de complejidad a una infinidad de escalas distintas.

Por restringirme un poco y no convertir esta entrada en una tesis doctoral, me limitaré a describir su rostro. La boca se curva, los ojos se almendran y la nariz se eleva ligeramente, como también lo hacen las comisuras de los labios mientras se mueven un poco hacia los lados.

Esto es lo que yo veo. Lo que no veo es que al menos doce músculos en la cara de mi esposa se contraen y relajan para lograr este efecto.

Para que un músculo se contraiga, es necesario que se acorten las fibras que lo componen. Por simplificar (otra vez), el acortamiento de una fibra muscular requiere de dos proteínas, actina y miosina.

La actina forma pequeños cables. Cada uno de éstos es algo así como una cinta de correr de gimnasio que no tuviera motor y sólo se moviera bajo el impulso de nuestras piernas. Las “piernas” que se mueven sobre los cables de actina son moléculas de miosina, que actúan como motores a escala nanoscópica (mil veces más pequeños que el menor objeto visible con un microscopio convencional).

Por supuesto, todo motor necesita “gasolina”. La ruptura de una pequeña molécula llamada ATP libera la energía necesaria para activar la miosina, que se mueve sobre los cables de actina deslizándolos, lo cual genera el acortamiento de fibras que resulta en la contracción de al menos doce músculos, doce, en el rostro de mi esposa, y su espectacular sonrisa.



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puñalada TRAPERA



© Santiago García. 2009.
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Me piden que escriba sobre simbolismos.“Simbolismos”, dicen. ¡Si yo soy científico!

Qué sabré yo ...


Con el rigor por bandera, los investigadores nos entregamos al positivismo más radical. Y así, por ejemplo, no dudamos en emplear la famosa navaja de Ockham: si dos teorías explican una serie de observaciones, la más sencilla ha de ser la correcta.

En ciencia no hay lugar para el adorno. Y no es que me parezca mal. Es que a veces la navaja se convierte en cuchillo jamonero y se lleva por delante cosas como la teoría de la relatividad, simplemente por ser excesivamente complejas.

Ya lo decía Dirac: It often happens that the requirements of simplicity and beauty are the same, but where they clash the latter must take precedence*.

¿Se imaginan Notre-Dame de París sin gárgolas? Pues eso.


RodRiGo FeRNánDEZ. iNveSTiGaDOR (Idea y Texto)

SaNTiaGO gArCía. arQuiTectO (Imagen)


* A menudo los requisitos de simplicidad y belleza coinciden, pero donde no estén de acuerdo, la última ha de tener prioridad.


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me importa un huevO


© Santiago García. 2009.

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...o más bien, el huevo, el óvulo. O sea, el lugar en el que empieza la vida y el origen de lo que somos. Porque un huevo, el huevo, el óvulo, es donde comienza la historia de cada uno de nosotros.

En apariencia un óvulo no es mucho. 23 cromosomas en el caso de los humanos, ni siquiera los 46 que se encuentran en cualquier otra célula del cuerpo de una mujer.

Sin embargo el óvulo es “enorme”. No sólo desde el punto de vista físico (si un espermatozoide tuviera el tamaño de un ser humano -un españolito medio, digamos- el óvulo sería el equivalente al edificio de la Telefónica en Madrid o la sede de La Caixa en Barcelona) sino también desde el punto de vista funcional.

El óvulo contiene los nutrientes (hidratos de carbono, grasas y proteínas) que alimentarán al embrión durante los primeros instantes de la gestación. Y también almacena la maquinaria necesaria para comenzar a construir la nueva vida, ladrillo a ladrillo, célula a célula.

Por eso, además de “solar” donde se inicia la vida, el óvulo es también proveedor de suministros y arquitecto.

Todo un monopolio de la construcción.


RodRiGo FeRNánDEZ. iNveSTiGaDOR (Idea y Texto)
SaNTiaGO gArCía. arQuiTectO (Imagen)



RodRiGo FeRNánDEZ está doctorado en Bioingeniería por la Universidad de California en Berkeley. Actualmente realiza labores de investigación sobre el cancer en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York.



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